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CARAZO ARQUITECTOS
ARQUITECTURA EN BICI

Por Karina Salguero


En el 2005, recién graduado, Rodrigo conformó un equipo de arquitectos con afinidades electivas. Coincidían todos, eso sí, en el peso que le daban al diseño. En concreto al diseño de respuestas y soluciones que disminuyeran el impacto negativo al ambiente, al entorno, a la historia y al paisaje. Tenían claro que abrirse camino en un estudio en el que ninguno de los integrantes se acercaba a los 30 años, es más que difícil: temerario.

Es especialmente arriesgado si la característica representativa de sus propuestas es la sostenibilidad. De la que se debate, teoriza y se falla en la mayoría de los intentos construidos. Entonces, decidieron rellenar el vacío generacional y de experiencia práctica con reflexión, discusiones y participación crítica de todos en cada etapa de los proyectos.

Con base en acuerdos llegaron a lograr una dinámica de trabajo sensible, de tal forma que en Carazo Arquitectos, nombre de la firma, ubicada en una casa antigua en el centro de la capital de San José, hay una mesa en la que todos exponen sus proyectos y los avances. Mejor dicho, eso es el estudio: una gran mesa protagónica dentro de un salón. Y muchas sillas. Hay que abrir aquí un paréntesis y pensar en qué de joven tiene la arquitectura que proponen.

Abro paréntesis: a las palabras no hay que temerles, tampoco subestimarlas. La arquitectura joven es un término enredado.  Es darle carácter de animado a algo que significa no por una vida propia, sino por la vida que le concede quien se lo apropia, la que alberga, que produce, que genera, que promete. En fin: la fuerza de la imagen que construye.

Continúa en Página #13, RARA Edición SEIS.
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