INTROMISION /
YO,
DANIEL SCHAFER

No apto para menores y dañino a la salud mental de ciertos adultos

Una palabra no es más que una etiqueta en representación de algún concepto. Tristemente, vivimos en la superficie de nuestros conceptos, a la par de sus etiquetas, tan regidos por ellas que nos convertimos en las etiquetas mismas, hasta olvidar los conceptos que ellas representaban.

La sencilla palabra yo pierde esa sencillez al nomás representarme a mí, Danny, primero por la mayúscula, que me agrega importancia, y luego por el diminutivo de Daniel, que me la resta. Yo, Danny, hijo único de Ria and Danny Schafer. Él, Big Danny, yo little Danny. Agréguese entonces, un junior. Y… como si fuera poco, mi padre me decía Joe. Entonces, Little Danny Schafer, Junior, alias Joe. Hijo de padres extranjeros, gringos y protestantes, nacido en Bananera, niño de bien de la United Fruit Company, y puro Géminis, para no decir esquizofrénico: binacional, bilingüe y bisexual en potencia.

Ya no canchito hijo de extranjeros sino Capitalino y Guatemalteco. Segundo apellido por primera vez, pero no McDougal como insiste equivocadamente mi cédula de vecindad, sino Daniel Schafer Lawrence hijo. Pero demasiado largo, mejor DS como en la galería. Bohemio, intelectual, director de teatro, poeta, etc. Ya pobre, ateo y hueco de al tiro… Según Guatemala… Según yo, sencillamente homosexual. Como quien dice… un verdadero caso mental.

Habiéndome somatado contra la realidad fue aquí que yo, el niño de bien todavía… Aunque sin los bienes… Me fui de cabeza dentro de un enorme vacío negro, cuya obscuridad ni siquiera me permitía leer mis etiquetas para recordarme de quién era yo, hasta que logré ver desde mi oscuridad, hasta allá arriba a la orilla del vacío, gracias a una luna llena, un pino perfecto en su simetría. Si un pino era capaz de semejante orden, ¿por qué no yo?... En ese instante toqué fondo. Al tentar la realidad, fijé la vista y allí nomás descubrí el, para mí, nuevo concepto de honestidad. Fue aquí que me descubrí a mí mismo por primera vez, dándome el coraje para huir del vacío hacia el resto de mi vida, esta vez con mucho cuidado, cuestionándolo todo. ¡Qué poco encontré de los que buscaba, pero cuánto más descubrí!

Continúa en Página #73, RARA Edición SEIS.
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